viernes, 11 de noviembre de 2011

SIGUIENDO EL RASTRO DE LOS GABBITAS.


Una cosilla antes que nada. Ya ha salido la famosa entrevista en la Revista Rolling Stone de la que os hablé hace unas semanas. Os dejo el enlace por si queréis echarle un vistazo, aunque dudo que alguien sea capaz de leerse el artículo entero.  Ya hace 24 horas de la publicación y nada, ni una groupie esperándome en la entrada ni me han tirado bragas por la calle. Qué triste…
Y volviendo a lo nuestro, aquí tenéis un relato humorístico-cachondeístico que escribí hace muchos años pero que me sigue gustando, aunque no me haya salido redondo del todo.

SIGUIENDO EL RASTRO DE LOS GABBITAS.


La civilización gabbita ha permanecido en la sombra durante miles de años. Hubo que esperar hasta el siglo XIX para que un egiptólogo español, Modesto Bonilla, leyera unos textos en un templo de Hattusas, capital del Imperio Hitita, para que supiéramos de su existencia. Los escritos hacían referencia a la batalla de Turmitta, en la que el rey Mursil II se enfrentó al Imperio Gabbi y a otros pueblos del Asia Menor. El motivo de la disputa sigue siendo un enigma.

Recientemente se apunta la posibilidad de que una pelea surgida tras la celebración de una partida de un desaparecido deporte, la “morcilla estiricante”, fuera el detonante. El pueblo gabbita no conocía la escritura, por tanto todos nuestros conocimientos sobre esta fascinante civilización proceden de otras fuentes, generalmente de jeroglíficos egipcios o textos hititas. Casi todos los escritos que poseemos se refieren a intercambios comerciales o a batallas, pues los gabittas eran un pueblo guerrero, que continuamente intentaba invadir a sus vecinos. Veamos algunos ejemplos:

1.-)Tablilla de barro hitita, encontrada en Dijisr el- Kamar, dentro de un armario empotrado en un hostal de dos estrellas: “ De esta forma os habla el Gran Rey, situado enfrente de la asamblea y los dignatarios. Lo hago porque presiento un gran peligro. Esos cabr… perdón. Escriba, no pongas eso último. ¿Por dónde iba? Ah, sí, esos mal nacidos de los gabbitas van a invadirnos. Lo presiento. Dos acontecimientos me hacen sospecharlo. En primer lugar, ayer por la noche tuve un sueño premonitorio. Soñé que mi cuerpo se deslizaba por el cielo y que el sol me hablaba. Estas fueron sus palabras: ” En el lugar del león, el dios pondrá otro león. El que avisa no es traidor”. También soñé con las hijas gemelas del general Kisnapili y una cama de agua, pero eso no viene a cuento. El segundo acontecimiento que me hace sospechar es que esta mañana ha llegado un mensajero de Amurru y me ha informado de que los gabbitas han saqueado la ciudad y quemado todas las casas con la gente dentro. Esto me hace pensar que quizá no vengan en son de paz. Tened cuidado, mis súbditos, esta noche cerrad las puertas con pestillo. Que sea hecha mi voluntad. Ya puedes dejar de tomar nota, escriba”.

Estas fueron las palabras de un gran rey, Hattusil I, aproximadamente en el XVII a.c. Su animadversión por el rey gabbita Hopseptud V fue legendaria. El soberano, cabeza visible del Imperio Gabbi, le retó a un combate cuerpo a cuerpo en diversas ocasiones, pero su rival siempre afirmaba tener una agenda muy apretada. El rey Hattusil, “El pusilánime”, gobernó con mano de hierro a su país y ordenó en diversas ocasiones la destrucción de los templos gabbitas. Hopseptud V “El joven”, después conocido como Hopseptud V “El de mediana edad” y finalmente como Hopseptud V “El anciano”, no quería quedarse a la zaga y también ordenó que se quemaran sus propios templos, tal era el afán de destrucción que le embargaba.


2.-) Papiro egipcio hallado en el museo del Louvre, que servía de envoltorio a un bocadillo de sardinas en escabeche, propiedad de un guía turístico. “Yo abrí el camino hacia el Gabbi. Yo lo hice en siete meses y traje de allí toda clase de bienes y objetos raros. Su majestad me envió una segunda vez y yo ya estaba harto de tanto viaje. Yo partí desde la primera catarata y regresé en el espacio de ocho meses. Yo regresé y traje presentes de ese país en muy gran cantidad y muy bien de precio. Los gabbitas son un pueblo extraño y primitivo, no conocen el trueque y se empeñan en hacer tratos con algo que ellos llaman “monedas”. Pobres ignorantes. Yo regresé con trescientos asnos cargados con incienso, ébano, aceite y colmillos de elefante. Ni aún así el faraón mostró su contento. Las maravillas del Gabbi no le satisfacían. Yo viajé de nuevo, con lo puesto, hacia lejanas tierras. A mitad del camino, yo me encontré con un mercader de esclavos gabbita, que me vendió dos bellas muchachas. Se las entregué al faraón y se mostró decepcionado. Finalmente yo le obsequié con un esclavo nubio de elevada estatura y me colmó de honores. Yo fui nombrado general.”

El papiro narra las aventuras del explorador Opep, que mantuvo un estrecho contacto con los gabbitas. Tan estrecho, que lo ajusticiaron al hallarle en los aposentos de la reina Puduhepa, maullando a cuatro patas y solo cubierto por un minúsculo taparrabos de piel de leopardo.

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