miércoles, 26 de marzo de 2014

UNA VIEJA CARTA FAMILIAR



Tengo que admitir que me lo paso como los indios indagando en viejos documentos familiares. Sobre todo disfruto leyendo cartas de mis antepasados que, además de servir para conocer a mis ancestros, cuya memoria se perderá en el tiempo como la nuestra, son una fuente interesantísima para tomarle el pulso a la época histórica en que fueron escritas.



Una de mis cartas preferidas, es ésta que os transcribo a continuación y que data de 1.864. Creo que no hace falta que os explique nada sobre quien la escribe y la destinataria. Habla por sí misma. Allá va:






“Hijita querida de mis entrañas:



Como yo no pienso más que en vosotros y en vuestro bien espiritual y temporal, y como desgraciadamente hay tanta corrupción en las costumbres, no sosiego ni de día ni de noche pensando si alguno, aprovechándose de mi ausencia, y aparentando un fin honesto, tratara de tender algún lazo a tu virtud.



Yo, en evitar las penas, pido continuamente a Dios sus auxilios por la intercesión de su (ilegible).



No admitas visita alguna de hombres sean de la clase que fuera y tenga el estado que tuviere como no esté delante tu hermano ni recibas esquela ninguna ni te presentes a la ventana ni en ninguna parte.



Si fuera algún joven de clase, virtuoso, con algunas proposiciones y de tu gusto, sin presentarte a él, se lo dices a tu hermano y éste, verbalmente o con una esquelita sin firma a tu nombre le contestará que, en yendo yo a casa y con (ilegible) se dispondrá o contrastará la conveniencia y nada más.



Si no tuviera estas circunstancias José, en los mismos términos, a nombre tuyo, lo despide con urbanidad, dándole las gracias, pero quitándole toda esperanza.



No te fíes jamás y en esto ni te valgas de mozas ni de nadie. Hija mía, toda precaución es poca.



Ni amigas ni nadie se toman por ti ni por tu bien el interés de tu padre. Por las mozas y las amigas se han perdido muchas jóvenes.



¡Ay, hija de mi alma, me estremezco de considerar cómo está este mundo!



Te quiere tu padre,



L.”



Ahora a ver quién me dice que hoy día no hay quien se coma una rosca. Ah, los viejos tiempos… Ya entonces decían nuestros mayores que el mundo se estaba yendo al garete. Todo se repite, el tiempo es circular como diría Rust en True Detective.



Como curiosidad, os comento que usé esta carta como material para uno de mis relatos humorísticos de “El caso Wittelberg”. Lo podéis leer aquí.

miércoles, 5 de marzo de 2014

YO NO ME VENDO.



-          Bueno, ¿qué?

-          Diles que no.

-          No te entiendo, la verdad. No sé qué cojones quieres.

-          Está muy claro. Quiero ser honesto. Es una cuestión de respeto, de respeto a uno mismo.

-          Vamos a ver, no te ponen ni una sola limitación. Puedes escribir la novela que quieras, sin censuras, sin ninguna exigencia de la editorial…

-          Tengo que hacer publicidad, joder.

-          No, solo tienes que nombrar un producto dos veces. Escribir dos veces un puto nombre en una novela que puede tener 500 páginas y ya. A cambio de una total libertad creativa. ¿Sabes lo que es eso? Es un pequeño precio que tienes que pagar.

-          No quiero pagar ningún precio moral por escribir.

-          Pues así no funciona la vida, siento decírtelo. Cuando alguien quiere dedicarse a algo con pasión, tiene que pagar peajes. Parece que has nacido ayer, joder. ¿Cuál es el problema? Puedes escribir sobre lo que quieras, te pagan de puta madre y no se meten en tu trabajo.

-          Ese es el problema, que les importa un carajo mi novela. Da igual de lo que trate, lo quiera transmitir, el mensaje, lo importante es que venda su producto. Todo va sobre el negocio, es repulsivo, joder.

-          Ya salió el ego del escritor. Huy, quiero que me publiquen y además me quieran…. Aprovéchate del tema. Es un precio ridículo por tu libertad, ¿no lo ves?

-          Tú sólo piensas en tu porcentaje de las ventas, a mí no me la das.

-           Cuando quieras te paso el teléfono de unos agentes literarios estupendos si no estás a gusto conmigo. Sólo trato de mirar por tus intereses, gilipollas.

-          Perdona, pero es que este tema me pone enfermo. Seguro que Fante no tuvo que pasar por una decisión así.

-          A ver, listo. Primero, Fante se murió ciego y sin piernas por la diabetes y, además, arruinado. Él sí sufrió en la vida. Te hubiera dado una hostia por pensar que esto es un dilema moral. Y segundo: sí que se vendió. Trabajó de guionista en unas películas malísimas para poder comer. Así que ahí tienes tu respuesta.

-          Pues yo no. Yo no me vendo. A tomar por culo todo.


Dando un portazo, salió del despacho de su agente. Bajó a la calle y paseó sin rumbo por la ciudad, mientras el sol se recortaba contra los edificios. Moría la tarde pero él se sentía muy vivo. Había logrado mantenerse fiel a su código moral. En estos tiempos es toda una proeza. Una sonrisa de orgullo se dibujó en su rostro. Estaba cansado, le palpitaba el pecho y la discusión le había secado la garganta. Entró en un bar y pidió una cerveza fría, lo necesitaba. Se sentía bien, se sentía íntegro, se sentía Cruzcampo.

miércoles, 26 de febrero de 2014

LOS DRAGONES CONTRA EL FUEGO.



Hace unas semanas recibí este correo sobre un curso de técnico de brigada helitransportada, que tenía una pinta estupenda.



Esa es una de las cosas que hacemos los ingenieros de montes, dedicarnos a la lucha contra los incendios forestales. Leyendo el mail recordé que en mi infancia conocí a unos tipos que eran una leyenda en el mundo del pilotaje de helicópteros de extinción: unos militares rusos del Ejército Rojo que venían cada verano al Centro Operativo Provincial de Huelva para dedicarse a jugársela contra el fuego. Mi madre trabajaba entonces en el Cuerpo de Ingenieros y se dedicaba a coordinar los trabajos de extinción de incendios. 

Recuerdo que cuando le tocaba estar de de guardia iba con una emisora para estar informada al minuto de cualquier novedad (entonces no había móviles) y, no en pocas ocasiones, salía corriendo en su coche cuando un incendio se ponía serio. También hace las mejores croquetas del mundo, pero esa es otra historia.  El caso es que a veces iba al Cedefo con ella y allí conocí a los rusos.

Tengo un recuerdo un poco difuso de aquellos ases del aire. El piloto medio era una especie de Iván Drago, que lo mismo te calza una hostia que te viste de torero que aterriza en un cerro con el espacio justo para recoger a un retén, mientras el fuego sube por la ladera. Eran tipos duros, fríos, militares recios que combatían en Afganistán, donde los talibanes les estaban pateando el culo, por cierto, y que se tomaban los meses en Huelva casi como unas vacaciones. Llevaban ropa de camuflaje, peinado a cepillo, botas militares y lucían un tatuaje de un dragón, que imagino sería un emblema de su unidad o algo así.


Todos los días ponían en riesgo su vida transportando retenes o soltando agua o retardantes de llama sobre incendios descontrolados en la sierra. Era fácil tener un accidente en esas condiciones, pero, al parecer, nunca los veías nerviosos. Joder, sólo se trata de pilotar, nadie te estaba disparando con un bazooka o un Kaláshnikov. Pan comido. Cuentan historias de su valor y su habilidad como pilotos que entran ya en el terreno de la típica exageración andaluza. Los tíos eran la hostia. 

El helicóptero que manejaban era un Kamov, un bicharraco con una capacidad de 4,5 toneladas. Una pasada. Una vez me subí a uno. En tierra, claro. Para un niño es una experiencia inolvidable.



El caso es que, al final del verano, nuestros héroes regresaban a la madre patria en el Kamov y aprovechaban para llevarse de todo a casa, desde comida a electrodomésticos, ropa, etc. En aquel entonces, al ciudadano medio ruso le faltaba lo más básico. El sistema comunista empezaba a resquebrajarse. En el libro de Ryszard Kapuściński “El Imperio” se cuenta como se organizó una trifulca callejera tremenda en Rusia porque alguien aseguró que un miembro del Partido escondía un embutido, para que veáis cómo estaba el patio. Lo del embutido no me lo he inventado, lo juro, aunque igual no era en Rusia y era un país de la Europa del Este. No estoy seguro y me da pereza buscarlo y para el caso es lo mismo.    

Total, que la oportunidad para llenar la despensa era cojonuda. Volvían al hogar con el helicóptero hasta los topes, año tras año. Y fue precisamente el hecho de abrazar el sistema capitalista con ese afán lo que les costó la vida. En su último verano, cargaron tanto el helicóptero que desgraciadamente se estrellaron tratando de despegar.

miércoles, 19 de febrero de 2014

OISHINBO.



Mi trabajo me permite conocer a gente muy interesante, gente con la que, en circunstancias normales, no coincidiría de dedicarme a otra cosa. Es muy curioso ver cómo las personas que gozan de una posición privilegiada en la vida dan rienda suelta a sus aficiones sin las limitaciones que tenemos el resto de los mortales. Uno de mis clientes, por ejemplo, es muy aficionado a viajar. Tanto, que hace un tiempo decidió poner a una persona de confianza al frente de sus empresas y dedicarse, durante dos años, a conocer todos los países del mundo. Y cuando digo todos, son todos, no se dejó ni uno solo por visitar. Desde Djibuti a Suecia, pasando por la India, Ucrania y Canadá. Dos años sin parar de conocer países, uno por uno hasta completar la geografía mundial completa. Y ahora me contáis que os sentís trotamundos porque os habéis hecho el InterRail con 20 años.

Otro tipo para el trabajé es muy aficionado a los caballos. Tiene una finca con 75 ejemplares españoles, árabes, frisones, etc, sólo para su disfrute y el de su familia y amigos. No quiero ni pensar lo que le costará mantener el capricho. También conocí a uno que se construyó un campo de golf propio, únicamente para jugar dos días al año. No creo que la broma le salga barata.

Una vez le dije a uno de ellos: “Sois tan diferentes a nosotros, que hasta os morís distinto”. ¿Cómo que nos morimos distinto?, me preguntó. “Bueno, pues mucho se tiene que torcer la cosa para que yo la palme pilotando mi propio avión camino a una fiesta en mi loft neoyorquino o de un infarto fulminante por sobredosis de Viagra en una orgía con modelos suecas en mi yate”, contesté. Me tuvo que dar la razón.

El caso es que el otro día estuve en una reunión con una de estas personas fascinantes. Su despacho parecía copiado del de un ejecutivo nipón. Había cuadros de estilo art-pop japonés, bonsáis, biombos,  y una librería con cientos de obras sobre arquitectura, gastronomía, arte, historia, etc del país del punto rojo gordo. Empecé a salivar como el perro friki de Pavlov.

Cuando ya nos despedíamos reparé que en uno de los rincones del despacho había una reproducción de una hoja de un manga donde uno de los personajes tenía un parecido con el tipo más que evidente. “Ah, eso es de cuando me sacaron en Oishinbo”, comentó sin darle importancia.


Aquí, este señor (a la derecha) haciendo su aparición estelar en el mundo del manga.

Como soy bastante curioso, le estuve preguntando un buen rato sobre el tema y cuando llegué a casa estuve buscando información en internet. Hace años me aficioné mucho a los cómics, pero yo era de Marvel, DC y Norma y nada de mangas. Supongo que me pilló mayor. Encontré este artículo sobre Oishinbo, que me parece que está muy bien.

En resumen, podríamos decir que Oishinbo es un manga gastronómico. Los protagonistas viajan por todo el mundo buscando el menú perfecto. Es uno de los mangas con más éxito de la historia, con mas de 100 millones de tomos vendidos (los mismos que Doraemon o Golgo 13 para que os hagáis una idea). Es todo un fenómeno social.

Al parecer, los creadores de Oishinbo contactaron con él para documentarse para las aventuras de los protagonistas en España. Mi cliente, entre muchas más cosas, se dedicaba a la producción de jamón y exportaba con mucho éxito a Japón (bonito pareado). Durante unos días, el guionista y dibujante de la serie viajaron a la sierra de Huelva y fotografiaron todo el proceso de producción del jamón y luego crearon una historia donde mi cliente, los trabajadores de la finca y las localizaciones reales eran protagonistas. El resultado fue muy chulo e incluso durante un tiempo algunos japoneses lo reconocían por la calle y todo. No sé a vosotros, pero a mí me encantaría salir en un cómic. ¿Mola la historia o qué?