jueves, 1 de septiembre de 2011

UN HALLAZGO SORPRENDENTE


Este texto fue publicado originalmente en el blog de Pixelillo, que recomiendo a todos – todos. 

 

UN HALLAZGO SORPRENDENTE

La casualidad hizo que una asistenta del viejo castillo de Agostain descubriera los escritos sobre egiptología de Louis Paussant, Conde de Asalto, Acoso y Derribo, que vivió a finales del siglo XIX.

Los valiosos documentos fueron escondidos en su día por el conde, preso de un ataque de modestia, en un gigantesco croissant de siete kg. de peso que colocó sobre la mesilla de noche del dormitorio principal y allí permanecieron durante generaciones sin que nadie se preguntara qué hacía aquello allí.

El castillo había sido heredado por un joven matrimonio de una familia de rancio abolengo, los marqueses Fender Stratocaster, parientes lejanos del conde, que se propusieron renovar el edificio. En eso estaban, cuando la asistenta dio con los escritos. Pasando el plumero al croissant, con la intención de quitarle el polvo, observó una grieta en su superficie, desde la que emergía un trozo de papel. Extrañada, dio parte al ama de llaves, la cual decidió consultar al pastelero del pueblo, François Tigretón.

Es un croissant bastante peculiar. El papel como relleno no se utiliza desde los tiempos de la Revolución Francesa, cuando a D´Alembert se le cayó la Enciclopedia dentro de un saco de harina de repostería, en mitad de una borrachera”- observó el pastelero, mientras examinaba cuidadosamente la grieta.

Con la ayuda de un martillo y un cincel, logró abrir un hueco desde el que acceder al interior del petrificado pastel. La abundante documentación que encontraron fue remitida a los marqueses Pietro y Vilma Fender Stratocaster, que a su vez decidieron ponerla a disposición del eminente egiptólogo Martin Saroyan.

Transcurridos unos meses el arqueólogo viajó a la campiña francesa donde visitaría a los marqueses en el lujoso castillo.

- ¿Y bien?- preguntó Pietro impaciente- ¿Se trata de un descubrimiento importante? ¿Era nuestro antepasado un gran investigador?

- No le quepa duda. Estos documentos que tengo en mis manos revelan una ardua labor científica, que probablemente le costó al conde de Paussant años de paciente trabajo. Como sabrán, Napoleón puso de moda Egipto cuando manifestó haberse quedado sin habla al visitar Karnak y Luxor. Después él mismo descubrió que la falta de voz se debió a sus excesos con los caramelos de toffe, que se le pegaban al paladar y le impedían articular palabra, pero no volvió a sacar el tema, ya que tenía intereses en el sector de viajes organizados y el negocio iba viento en popa. Fascinado por la cultura egipcia, al igual que muchos hombres de su generación, su antepasado el conde se lanzó a la aventura de descifrar los jeroglíficos. Probablemente su amistad con Champollion fue determinante en esa decisión.

- ¿Champollion?¿ El famoso egiptólogo?- preguntó asombrado el marqués.

- No, un primo segundo suyo, que tenía una ferretería en Burdeos. El Champollion al que usted se refiere nunca conoció al conde.

- Ya, bueno, cuéntenos más, por favor- le rogó la marquesa, que empezaba a mostrar curiosidad.

- Finalmente decide marchar hacia Tebas para trabajar sobre el terreno – continuó Saroyan.

- ¿Tebas?- preguntó la marquesa, que cuando una conversación giraba en torno a un tema que no estuviera relacionado con las fiestas palaciegas hacía gala de una ignorancia supina.

- Sí, Tebas. La ciudad de las cien puertas. Tebas es el nombre griego, en egipcio la ciudad se llama Opet- respondió el arqueólogo, marcándose una vacilada- Se encuentra a un lado del Nilo, a unos 500 Kms. al sur del Cairo, no lejos del Valle de los Reyes, Deir el- Bahari, Deir el- Medineh y a unos 3.500 Km. de Segovia.

- ¿Segovia?- la marquesa volvía a la carga.

- Cállate, querida.- interrumpió Pietro- Continúe, si es tan amable.

- Gracias- dijo Saroyan, lanzando de soslayo una mirada de desaprobación a la marquesa.- En Tebas estuvo realizando excavaciones durante años, sin resultado. Los intentos fallidos están descritos con minuciosa exactitud en estos documentos. Cuando se encontraba a punto de dejarlo todo, tropieza, dando un paseo por el desierto, con una gigantesca piedra, que resultó ser un muro de un edificio de la XII dinastía.

- ¿Qué tipo de edificio?- preguntaron al unísono los marqueses.

- Le llevó casi cinco años determinar que se trataba de una escuela de escribas. Lo más interesante que descubrió fueron unos jeroglíficos que se encontraban en un lateral del muro. Ayudado por los descubrimientos de Champollion, el de la ferretería no, el otro, pudo averiguar lo que decían. Le costó mucho sudor descifrarlo.

- ¿Qué oscuro mensaje se ocultaba en el muro?- el marqués cada vez estaba más intrigado.

- Básicamente, hay dos jeroglíficos que son relevantes – continuó el arqueólogo, al que le gustaba hacerse esperar-. El primero, que le llevó más de dos años descifrar, decía: “Tonto el que lo lea”.

- ¡ Qué maravilloso sentido del humor tenían los egipcios! – exclamó la marquesa divertida.

- Pregúnteselo al conde, a ver qué opina- contestó Martin, riendo entre dientes.

- ¿Y el segundo mensaje?- el marqués estaba fascinado.

- “Sesostris II estuvo aquí”. Esto confirma lo que ya sabíamos, que ese faraón reinó en la XII dinastía.

- ¿Y que hacía Sesostris en el muro de la escuela de escribas?- preguntó la marquesa.

- Lo más seguro es que se parara a hacer un pis y que le entraran ganas de dejar su firma. – el egiptólogo estaba hasta el gorro de dar tantas explicaciones.

De todas formas- prosiguió- los logros más importantes del conde se produjeron con la traducción de parte de los jeroglíficos de la pirámide de Djekaré Isesi, en Saqqara, hacia donde partió poco después de estudiar el muro. En la cara oeste de la pirámide podemos leer “No soporto a mi suegra, esa bruja me va a costar la salud” y “Tutmosis ama a Nefertari. Te quiero, chati”, a partir de lo cual el conde pudo deducir que todos los egipcios eran zurdos, a excepción de los que eran diestros.

- Interesante … – el marqués estaba henchido de orgullo familiar.

- Sí, realmente fascinante- asintió Martin-. Resulta curioso, nuestro querido conde descubrió que las pirámides no se construyeron por motivos religiosos, sino por una apuesta entre Narmer y Nemes (hay quien sostiene que son la misma persona) sobre quien era capaz de amontonar más piedras. Empezaron con las mastabas y ya ves como terminó la broma. Un gran tipo ese Narmer …fundó la ciudad de Menfis.

- Donde nació Elvis Presley – dijo la marquesa, contenta de poder aportar un dato cultural a una conversación de tan alto nivel.

- Exactamente, señora – le contestó Martin con un suspiro- Esto … voy a por tabaco, hasta la vista, amigos.

Los marqueses acompañaron al egiptólogo hasta la puerta y lo vieron alejarse del castillo como había venido, conduciendo su Mini Morris verde.

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